miércoles, 30 de octubre de 2019

La iluminación de la humanidad


Como buscadores de la verdad y como yoguis nuestra meta es alcanzar la iluminación de nuestra conciencia. Pero en los tiempos modernos con el advenimiento de Shri Mataji Nirmala Devi y Sahaja Yoga esta meta de cada individuo se ha vuelto colectiva. No solo hemos de trabajar por alcanzar la iluminación en nosotros mismos, sino que una vez que nos vamos aproximando a este estado el proceso natural y espontáneo es trabajar y ayudar a que la humanidad como un ser colectivo alcance la iluminación.

Cuando el ser humano avanza en su proceso evolutivo se convierte en un instrumento del Divino. Ahora bien; ¿Hasta qué punto el instrumento está trabajando de un modo positivo por dicha iluminación colectiva? A veces como sahaja yoguis pensamos que por el hecho de haber recibido la realización y meditar a diario nos hemos convertido en instrumentos del Divino. ¿Es así verdaderamente en nuestro caso? ¿Cómo podemos saber si somos un buen instrumento?

Como todos sabemos la energía Divina es Amor. Dios es Amor. Su fuerza Vital, Adi Shakti es su energía que se emitió de sí mismo. Nuestra Madre es ese amor incondicional.

Ser un instrumento del Divino significa haber alcanzado esa esencia en uno mismo, en nuestro propio corazón. Solamente cuando alcanzamos la experiencia de ese amor en nosotros mismos, cuando lo sentimos y nuestra atención se establece en él, cuando gozamos de su belleza fluyendo desde nuestro interior, comprendemos que ese amor fluye de nuestro propio corazón, de nosotros mismos. Entonces comprendemos que ese amor es nuestra propia esencia, lo más vital de nosotros mismos. Entonces comprendemos que Madre no está fuera sino dentro de nosotros mismos.

Esta es la unión eterna con Madre. Este es el verdadero Ananya Bhakti. Una vez que encontramos a Madre en nuestro corazón nos hacemos uno con ella para siempre. Sabemos que nosotros somos Ella. Llegaremos entonces a actuar siendo plenamente conscientes de que quien actúa es Ella. Incluso a veces podremos sorprendernos y pensar; ¿Por qué hará Madre esto a través nuestro? Aunque después comprenderemos su juego. Alcanzar a Madre en nuestro propio corazón es el único modo de alcanzarla en todo lo que nos rodea. Es el camino para empezar a verla en los demás.

Esta comprensión transforma al instrumento de un modo mágico. Es un conocimiento vivo que alcanza las raíces de la conciencia y desde ese momento el individuo comprende la grandeza de su esencia y al mismo tiempo la belleza del instrumento. Conoce y experimenta lo Divino e ilimitado y lo humano y limitado. Realiza que lo limitado es propiedad y cuerpo de lo Divino e ilimitado. ¿Cómo volver a aferrarse entonces a la identificación con lo limitado? ¿Cómo volver a alimentar la semilla de la ignorancia que le hacía creerse un yo separado?

Solamente la experiencia profunda de nuestra esencia como Amor puede iluminar la conciencia y el cuerpo físico, mental y emocional con la luz del conocimiento. Como muy bien describe nuestra Madre ha de partir del corazón e iluminar el cerebro. Solamente el Amor que es Madre puede hacer ese trabajo. Solamente el flujo de Madre puede alcanzar cada rincón del ser interior y colorearlo completamente con la luz del Amor Divino. Parte del corazón, es decir, debemos encontrarlo y experimentarlo en nuestro propio corazón y se extiende e ilumina el cerebro.

Pero ¿Qué proceso tiene lugar en el corazón que hace que nuestra conciencia alcance esta comprensión? En el corazón central está la residencia de la Diosa, es el templo donde la fuente del Amor Divino fluye incesantemente. Pero en el corazón izquierdo está el reflejo de Dios todopoderoso, el espíritu. Cuando empezamos a experimentar el amor en nuestro corazón y fijamos nuestra atención en él, el Amor que es la Diosa se une con el Espíritu que es la atención y la conciencia y la comprensión de que ese Amor es nuestra verdadera esencia aparece y se establece. Entonces comienza la expansión de ese Amor por todo el cuerpo y por el cerebro.

Cuando el cerebro recibe la luz Divina de la unión de Madre y Shiva, el Amor Divino y la conciencia, el proceso de unión del Ser individual con el Ser cósmico empieza a producirse. Este proceso de unión con el Ser Cósmico o Virata produce un flujo natural del Ser individual y el Amor que este experimenta hacia el Ser colectivo. La atención individual se focaliza entonces en expandir este Amor a la humanidad como un todo.

En la era moderna donde muchas almas han despertado al deseo puro de alcanzar el estado del espíritu el proceso de iluminación colectiva ha comenzado.

Al igual que en el individuo la luz del Amor comienza en el corazón y se extiende al cerebro, en el Ser Colectivo ocurre del mismo modo. Primero algunas células del Ser Cósmico, algunos individuos, alcanzan esa esencia en su interior y entonces el Amor por la humanidad fluye de ellos a través del Ser sutil del Virata alcanzando a otras células hasta que finalmente el Ser colectivo, la humanidad como un todo realiza su esencia Divina y despierta al conocimiento iluminado.

En el proceso de iluminación colectivo el primer paso es el despertar del amor por la humanidad en el corazón de los individuos. Ese es el trabajo del instrumento Divino. El flujo del amor desinteresado por la humanidad ilumina a su vez poderes más sutiles dentro de los individuos.

Todo esto no significa en si haber alcanzado la meta final de iluminación total, sino que es solamente una parte del camino. Aún el proceso de iluminación del Amor ha de alcanzar mayor profundidad. Mas el individuo desde ese momento sabe que él no es el actor, no es ningún protagonista. La esencia, el Amor, vive en su interior, la esencia vive en todo y todos, la esencia trabaja y actúa con inteligencia y sabiduría propia. El individuo solamente atestigua el proceso y ya sin ansiedad por alcanzar la meta aguarda el proceso natural donde nuevas dimensiones de lo sutil empezarán a manifestarse. El individuo sabe de lo pequeñito de su parte limitada y desea intensamente que lo limitado sea aún más pequeño hasta que desaparezca. Su deseo y gozo está en experimentar lo ilimitado de esa fuente inagotable de Amor continuamente. .

martes, 24 de septiembre de 2019

El libre albedrío y el sentimiento de culpa


La idea del libre albedrío  es muy cuestionable e implica un factor subsecuente que se ha convertido en un verdadero hándicap en el proceso evolutivo de la humanidad. Es el sentimiento de culpa. 

La idea del libre albedrío es seductora para el ego, pues nos permite autoproclamarnos como los actores y directores de nuestra propia vida, no solo quienes deciden  los caminos que andamos y las decisiones que tomamos, sino incluso los resultados que obtendremos. De este modo nos sentimos con la capacidad de alcanzar aquello que decidimos, de controlar nuestra vida y nuestro entorno.

Pero esta adulación del ego tiene una doble contrapartida. Cuando fallamos en nuestros objetivos o cuando nos dejamos llevar por tendencias de nuestra mente que nos parecen debilidades, o  incorrectas, se produce una reacción inmediata en nuestra mente que es el sentimiento de culpa. Es natural que nos sintamos culpables de nuestros errores, si asumimos la idea del libre albedrío como una verdad irrefutable.

Pero alguna persona podría pensar; ¿Entonces, no importa si cometemos errores o no? ¿Es intranscendente cometer cualquier pecado? Lo cierto es que cualquier acción incorrecta por nuestra parte produce un efecto inmediato tanto en nuestro estado mental/emocional y físico, en el entorno que debemos enfrentar posteriormente y en nuestra relación con las otras personas que han sido afectadas. Pero este efecto es algo diferente al sentimiento de culpa. Es la ley del Karma, que nos empuja irremediablemente a evolucionar, haciéndonos enfrentar nuestros propios errores continuamente. 

El sentimiento de culpa, al contrario que la ley del Karma, es un proceso anti evolutivo que en vez de estimularnos a la introspección nos aparta de ella. Cuando nos sentimos culpables no solo no afrontamos nuestros errores, sino que nos sentenciamos como incorrectos o pecadores, creando un espacio oculto a la conciencia donde acumulamos toda la inmundicia de nuestro carácter.  Es como esconder la suciedad debajo de la alfombra, suciedad que en vez de desaparecer crea espacio para bacterias, microbios y putrefacción posterior. Esta putrefacción se materializa en nuestra personalidad como una tendencia a sentirse sin valor, inferior, e impuro, un agujero hacia el lado izquierdo que solo tiene un desenlace posible, la tristeza y dolor.

En cambió la idea de la voluntad Divina favorece el proceso introspectivo, pues focalizamos nuestra atención y energía únicamente en el resultado de nuestras acciones, en los efectos positivos o negativos que estas han tenido en nosotros mismos y en nuestra vida, facilitándonos todo ello el proceso de evolución y transformación de nuestra persona. No nos sentenciamos como culpables, identificándonos de este modo con las cualidades más bajas de nuestra personalidad, sino que somos como niños inocentes enfrentándonos cada día al reto de nuestro ascenso. Somos responsables de todas nuestras acciones y no culpables de ellas. 

Si aquel que maltrata a su esposa no hubiese tenido un padre que hubiese hecho lo mismo sino uno que tratase con respeto y devoción a su esposa, quizá el mismo no habría caído en este mismo error. Existen innumerables factores que hacen que nuestras acciones se desequilibren en un sentido u otro. 

Para gozar de la plenitud de nuestro propio ser no necesitamos erigir al ego como el protagonista del juego de la vida, ni sentirnos los controladores ni dueños de nada. Es en lo pequeño donde reside la grandeza. Es en el carácter inocente de un niño donde el gozo y la plenitud se expresan. Solo siendo como niños pequeños, guiados por la mano invisible del amor de Dios, que como una madre amorosa nos observa, corrige y guía, nos libramos de la carga autoimpuesta de la culpa que es una trampa hacia el infierno interno.

miércoles, 24 de abril de 2019

Libre albedrío o voluntad divina


Hay un interrogante de difícil respuesta: ¿Existe un destino al que nos vemos abocados irremediablemente o un mundo regido por el principio causa efecto que nos permite decidir nuestro futuro? O expresándolo de otro modo; ¿Existe el libre albedrío y nuestras acciones nos permiten controlar nuestro destino o en cambio la voluntad Divina es la que controla el devenir de los acontecimientos?

Esta cuestión primordial se me ha presentado a lo largo de mi vida después de recibir shocks muy fuertes o experiencias traumáticas. Es en estos momentos de dolor extremo donde esta cuestión se nos plantea de un modo crucial. 

Pero analicemos por un momento algunos factores tanto internos como externos en relación a esta cuestión. Cuando nos enfrentamos a una situación que requiere una elección por nuestra parte o algún reto que nos fuerza a actuar de un modo u otro, nuestro propio poder de elección está de hecho muy condicionado o limitado. Por un lado los condicionamientos que están imprimidos en nuestra personalidad relacionados con el lugar donde vivimos, la educación que hemos recibido, como fueron nuestros padres y lo que vimos y aprendimos de ellos. Además debemos tener en cuenta las limitaciones propias de nuestra personalidad misma, las cualidades y defectos que la acompañan, todas ellas relacionadas con el estado evolutivo de nuestro sistema sutil, nuestros nadis y chakras. 

Todo este amasijo interno que forma nuestra mente y que tiene una forma y modo de proceder determinado, nos limita de modo casi definitivo a la hora de elegir un comportamiento u otro. Incluso a pesar de esta limitación podríamos considerar que en ciertas ocasiones y en base a nuestro conocimiento o experiencias previas podríamos decidir de modo consciente actuar de un modo diferente a lo que nuestra propia mente elegiría en  situaciones normales, actuando entonces en contra de nuestra forma de ser misma, teniendo de este modo control sobre nuestro destino. Pero lo cierto es que además de las propias limitaciones que imponen nuestro ego y condicionamientos, existen otros muchos factores que también participan en la decisión final que tomaremos. 

Me refiero aquí a todos los factores externos que acompañan a la situación que se nos plantea y que de nuevo la conducen por un camino casi decisivo. En muchas ocasiones algunos detalles del ambiente de ese momento, personas con las que nos relacionamos, o pequeñas coincidencias, hacen que tomemos la decisión en un sentido u otro. Pequeños detalles como  si hemos descansado bien ese día, si el sol brilla o es un día lluvioso, si nuestro estado de salud es bueno o tenemos algún problema, si hemos tenido algún otro desencuentro  anteriormente, y un sin fin de otras muchas posibilidades. Estos pequeños detalles actúan como catalizador para que en un momento determinado tomemos una decisión acertada o una equivocada. 

De este modo,  la teoría del libre albedrío  y de ser dueños de nuestro destino, pierde el sentido que muchas veces le damos. En realidad, en gran medida, somos simplemente marionetas  manejadas por una invisible mano que dirige nuestros movimientos y el camino que tomamos. Esa mano es el espíritu Divino, el ser que en realidad somos, el reflejo de Dios todopoderoso en nuestro propio corazón. Es el Espíritu quien en realidad cumple su propósito en la vida material, experimentando a través de la personalidad, el cuerpo y la mente, las experiencias que de hecho ya ha elegido previamente. El destino  de este modo ya ha sido elegido previamente por el espíritu y nos vemos irrevocablemente abocados hacia él. 

Quizá alguna persona podría pensar que si esto fuese así, por que esforzarnos por nada, si en cualquier caso todo sucederá como ha sido planeado. Lo cierto es que debemos seguir siempre el impulso interno, el deseo de evolucionar y mejorar como persona, de trabajar en el sentido que se requiere para alcanzar nuestras metas, y es entonces cuando alcanzamos los resultados, aparentemente como subproducto de nuestras acciones y esfuerzos, aunque en realidad todo este proceso ya había sido decidido por nuestro propio espíritu. 

Un aspecto importante a tener en cuenta es la relación del principio del libre albedrío con el sentimiento de culpa, que tan arraigado está en el subconsciente colectivo.  Seguirá......

martes, 19 de febrero de 2019

La escalera de ascenso

Hay ciertos momentos mágicos en nuestra vida donde recibimos revelaciones que nos muestran el camino a seguir, la actitud que debemos tener o incluso la solución a nuestros conflictos.

Hace unos días experimente una revelación de este tipo. Me encaminaba desde nuestra casa en Oia hacia  Uma, el lugar donde celebraríamos el Ganesha Puja con un grupo de yoguis de diferentes partes de España. La mañana era soleada y cálida aunque había una suave brisa fresca muy acogedora y estimulante. Yo iba conduciendo y mientras  escuchaba una música suave mi corazón palpitaba excitado por reunirme con mis hermanos para adorar a nuestra amada Madre. Entonces empecé a sentir una emoción muy bella hacia Madre. Sentía su amor como una caricia delicada sobre mi corazón. Lo sentía a través de la música, de la brisa suave, de la belleza del bosque que rodeaba la carretera, del mar que se extendía hasta el horizonte. La emoción de ese amor tan sutil y bello empezó a desbordarme  al mismo tiempo que en mi mente surgía una pregunta.  ¿Madre, porqué algunas  personas que parecen estar perjudicando a la colectividad permanecen en Sahaja Yoga a lo largo de los años creando y alimentando energías de críticas, de odio, de rencor y de miedo? ¿Por qué estas personas no salen de Sahaja Yoga?

Mientras surgía esta pregunta en mi mente, el amor que sentía de Madre hacia mí y el mío hacia Madre se fundieron en uno solo. Era como si solo existiese Ella. Ella se preguntaba a sí misma. Yo tan solo era testigo del juego de este amor puro que se entrelazaba y fundía permanentemente. Tan pronto atestiguaba como amaba a Madre y contemplaba su grandeza como de repente el foco pasaba a sentir su amor sobre mi alma como una caricia de los cielos y de nuevo los dos se fundían en uno solo. Yo permanecía  plenamente consciente del vacío de lo que había llamado yo hasta entonces. Ese yo que llamaba José en realidad era nada. Solo el contenido en su interior, ese amor indescriptible, era lo verdaderamente sustancial y real. Lo tangible y eterno.  

Entonces surgió en mi interior como un torrente de dicha la respuesta a la pregunta de mi mente. Completamente impregnado en ese amor único las palabras llegaron a lo más profundo del corazón dejando mi mente no solo sin ninguna duda sino colmada en un éxtasis maravilloso.

Madre me decía desde el interior de mi propio ser;  "Hijo mío esta es la escalera que he creado para ti. Parecen ser obstáculos y dificultades pero en realidad es mi bendición especial para los hijos que me buscan con mayor deseo. Hijo mío tu deseas ascender a planos superiores de conciencia pero has de saber que para llegar allí necesitarás esta escalera. Los planos que quieres alcanzar están ahora más allá de tu alcance, no puedes llegar allí sin esta ayuda que he creado para ti. Aunque te puede parecer duro en algún momento, cuando logres superar estos obstáculos y asciendas paso a paso cada peldaño de esta escalera te elevarás en plena conciencia hasta tu meta soñada."

Tras esta revelación  tan bella todo tomaba sentido en mi interior. Era como haber encontrado las piezas que me faltaban de un puzle y de pronto todo parecía claro y evidente. 

Sin duda, algunas actitudes de algunas personas parecían ser negativas y de algún modo yo me veía obligado a lidiar con ello. Pero en realidad ¿cual es la meta que  busco en mi ascenso? Sin duda alguna lo que busco  es experimentar la presencia Divina no solo en mí mismo sino en cada Ser del Universo. Busco permanecer en el éxtasis del bhakti cada momento adorando a Madre y a mi Señor en cada persona, en cada acontecimiento, en todo.  Entonces, ¿cómo plantearme siquiera que alguna persona puede ser negativa cuando este juicio sin compasión ni amor desinteresado me aparta de un solo golpe de la experiencia que busco? ¿Cómo seguir engañado por la ilusión que mi mente crea al reaccionar ante acciones que juzga erróneas en otros? Y ¿por qué no cambiar mi actitud de modo que me ayude a superar el escalón que Madre me ha regalado y así poder ascender la escalera de mi evolución? ¿Soy incapaz de sentir ningún amor por esta persona que parece estar confundida o perdida?  ¿Acaso esta persona no es al igual que yo un ser espiritual en realidad?  

Durante esta revelación tan enriquecedora para mí mismo también me di cuenta de la importancia de la discriminación. Sin duda en mi interior en estos momentos conviven estas dos realidades que parecen ser opuestas. Mi ser interior que vibra en amor y devoción y en una perfecta unión con Madre y el yo inferior que sigue activo produciendo juicios sobre lo que ocurre a mi alrededor y sobre los demás. Uno intenta continuamente evitar que ascienda la escalera de ascenso puesto que esto implica su disolución en mi Yo superior y en Madre.  Siempre listo y alerta para reaccionar ante todo, siempre juzgando lo que considera justo e importante. Mi otro Yo rendido completamente al amor más puro y abandonando cualquier otro dharma en ese dharma supremo. Consciente de que en realidad no existe más allá de ser un reflejo del amor de nuestra Madre. En este juego entre estas dos personalidades es necesaria la discriminación para continuamente elegir uno o el otro. No hacerlo casi siempre significa abandonarse al yo inferior y permanecer engañado con sus pensamientos e ideas por muy justas y lógicas que parezcan. Más el Yo superior va más allá de la lógica y está siempre dispuesto a asumir errores, aun cuando sabe a ciencia cierta que no hay error en el amor que siente en su corazón. Todo  por ascender la escalera de los cielos para el mismo o para otros. 

lunes, 18 de febrero de 2019

Meditación del Mooladhara chakra

En esta meditación despertamos las cualidades de los chakras relacionadas con el Mooladhara Chakra.

Simplemente relájate y permite que tu propio espiritu te ilumine. No intentes controlarlo sino por el contrario entregate sin condición y confia en tu ser espiritual.


domingo, 25 de noviembre de 2018

Unidad y dualidad, las dos caras de una misma moneda


Lo que soy soy, de eso no hay duda,
más porque creo ser otra cosa y hasta cuando seguiré haciéndolo,
es un misterio insondable mas allá del intelecto,
en cualquier caso, lo que soy siempre seguiré siéndolo.

Ya me adhiera a la ilusión de ser un ser espiritual especial,
o elija ser un don nadie, sin peso alguno en el mundo,
lo que en realidad soy, que es muy diferente de esto,
siempre observará este juego, desde un rincón remoto interno.

Ya decida el Ser vestirse de Maya y se llame a si mismo ignorancia,
o se desvista de toda artificialidad y se muestre como conocimiento,
su esencia no cambia ni por un instante, siempre se mantiene inalterable,
como la realidad del sol, sea o no cubierto de nubes.

¿Porque alimentar entonces la sutil coraza,
luchando con un aspecto del Ser al que la mente ha juzgado?
Si lo que únicamente es, elige un vestido u otro,
así es como debe ser, pues está en su poder decidirlo.

Vaciemos la vasija para que pueda por fin ser llenada del néctar de inmortalidad,
tanto de condicionamientos impuros que nos hacen perdernos en la más oscura maya,
como de aquellos que aún provenientes de la más alta verdad,
al moldearlos nuestra mente nos apartan de la verdadera experiencia.

Quedémonos únicamente con los ojos de un niño inocente,
que siempre expectante recibe cada vivencia como algo nuevo,
recibiendo todo aquello que sin proponérselo a él ha llegado,
como un regalo que el cielo para el ha diseñado.


Todos los caminos espirituales buscan alcanzar la meta y no quedarse a medio camino. La meta es la misma en todos. Ser, Dios, Verdad, Amor, Gozo, Yoga, Nirvana y muchos otros nombres se han utilizado para nombrarla. Pero la meta es siempre la misma independientemente del nombre por el cual la nombremos. La meta es el estado puro del Ser donde desaparece la dualidad sujeto objeto. Desaparece la ilusión de ver un mundo separado del Dios sagrado. Desaparece el espacio y el tiempo en la infinitud de lo eterno.

Una vez allí todo es evidente, la verdad se muestra transparente y clara. La duda ya no tiene lugar ni espacio. Instantáneamente todo cobra sentido como por arte de magia. Pero intentar aferrarse a esta profunda verdad sin la experiencia y el conocimiento interno de ello, no solo no conduce a donde tratamos de llegar, sino que puede crear sutiles capas en el ego difíciles de disolver en el camino de ascenso. Siendo el ego el maestro del engaño, sabe apropiarse incluso de lo más sutil y bello, de la realidad espiritual de uno y de todo. Podría entonces hacernos vivir en una burbuja ilusoria, haciéndonos creer que hemos alcanzado algo profundo, mientras que en realidad seguimos perdidos en una ilusión aún mayor.

Alcanzar la meta es un estado que solo uno puede certificar en sí mismo. Es independiente de las opiniones o juicios de otros.  Una vez hemos experimentado y recibido el conocimiento de nuestra esencia, esta no puede cambiar ni un ápice, independientemente de cualquier acontecimiento externo o interno. Es de hecho permanente y así se nos demuestra continuamente a partir de ese momento.

Pero la cuestión importante se nos plantea antes de alcanzar dicho estado, ya que si lo hemos alcanzado todas las palabras sobran, pues ya sabemos los que es en nosotros y en todo. Ahora bien, cuando nos estamos aproximando hacia este estado, si bien las palabras, enseñanzas, actitudes, acciones, etc., no serán el catalizador definitivo para que dicho cambio se produzca, podrían ser de gran ayuda en dicho proceso.

En este sentido podemos considerar varios caminos hacia nuestra meta y sus ventajas y peligros.

El camino advaita es el camino de la unidad. Es un camino profundo y que requiere una dedicación intensa. Ha sido el camino de grandes santos iluminados como Gyanesvara, Ramana Maharshi, Shankaracharya y otros. El sadhana de este camino se basa en la continua auto indagación, ¿quién soy yo y que es este mundo? Solo cuando a través de esta auto indagación desechamos todo lo que no somos, que es todo aquello que podemos percibir a través de nuestros sentidos y de nuestra mente, podemos alcanzar la realidad última de lo que verdaderamente somos, la conciencia indiferenciada.

Es por tanto paso obligado alcanzar el estado de conciencia sin pensamientos, Nirvichara Samadhi, donde permanecemos como testigos desapegados de lo que ocurre en nuestra mente y en el mundo exterior. Es permaneciendo en dicho estado durante un largo periodo de tiempo como avanzamos hacia el siguiente estado, Nirvikalpa Samadhi, aún previo al estado de realización del Ser único.  Pero cuando aún no hemos alcanzado la experiencia del estado de conciencia sin pensamientos, la paradoja que se nos presenta sería; ¿cómo ir más allá de la mente a través de la misma mente? Esta paradoja es bien explicada por diferentes maestros Advaita y Zen que detallan que solamente después de una prolongada e intensa práctica de la meditación y del autocontrol a lo largo de varios años, podemos empezar a experimentar el estado de equilibrio de la mente y posteriormente el de conciencia sin pensamientos o estado más allá de la mente.

Esta es una de las razones de que el camino Advaita tradicionalmente implicaba retirarse a vivir apartado del mundo en monasterios o ashrams guiados por un maestro iluminado que servía de vínculo y catalizador con la experiencia del Ser.  Por otro lado, también existe el riesgo de que, al no haber aún alcanzado la experiencia y el conocimiento del Ser, nuestro ego se identifique con este nuevo personaje espiritual que tratamos de implantar en nosotros. Esto podría crear una coraza en nuestro ego de gran dureza que en el momento adecuado nos impida reconocer la verdad y el camino a seguir, al asumir que ya tenemos el verdadero conocimiento. Por supuesto y a pesar de todo esto, el camino Advaita está basado en la verdad y puede ser apto para muchos buscadores.

De hecho, la auto indagación ¿Quién soy yo y que es este mundo? son imprescindibles para asentarse en los estados últimos de iluminación espiritual. La diferencia fundamental en la práctica de la auto indagación entre un proceso donde aún no se ha recibido la experiencia de los estados previos y otros donde si se ha recibido, es que en esta última dicha auto indagación se produce de un modo espontáneo y natural asociada a un autoconocimiento de lo que somos, que nada tiene que ver con la comprensión mental evidente cuando no hay experiencia interior de este estado. El proceso de auto indagación se convierte entonces en un juego de niños y va siempre asociado a estados de bhakti intenso donde emociones de amor y gozo por el Ser espiritual en nosotros y en los demás favorecen el ascenso hacia los últimos estados evolutivos de la realización de Dios.

También conviene destacar que el proceso de auto indagación y "negación de la realidad del mundo manifiesto", debe ser comprendido adecuadamente. Este cuento hindú del elefante salvaje puede iluminar este aspecto.

 "Un yogui se encontraba meditando bajo un árbol en las enseñanzas de su maestro y en las máximas del Advaita: TODO ES DIOS. Se encontraba absorto en pensamientos como, la tierra que me sostiene es Dios, el aire que me rodea es Dios también. Los pájaros que cantan sobre este árbol son Dios. Mi cuerpo y mente son Dios, todo lo que existe es Dios. Mientras se mantenía absorto y gozando de su meditación comenzó a oír ruidos de gente corriendo y gritando a su alrededor. Aunque un atisbo de temor surgió en su corazón, el siguió meditando, no tengo nada que temer, pues todo es Dios y el me protege al ser yo también parte de el mismo. Después de un rato un hombre se acercó tembloroso y le dijo; buen santo, hay un elefante salvaje que viene hacia aquí, sería mejor que se escondiese antes de que llegue. El yogui hizo caso omiso de la advertencia y en cambio reforzó aún más su meditación; Si todo es Dios, este elefante salvaje también lo es. Por tanto, nada me puede pasar por que Dios siempre me protege. Al poco rato se acercó otra persona con mayor agitación aun gritando; ¡Que ya viene el elefante salvaje, que todo el mundo se esconda! A pesar de esta otra advertencia el yogui siguió su meditación con más fuerza aún, pensando entonces; No tengo nada que temer pues Dios es todo. Incluso viendo mi gran fe y que no me escondo me protegerá sin ninguna duda. Finalmente vino otro grupo de personas gritando; ¡Que el elefante ya está aquí, esconderos todos! Pero de nuevo el yogui siguió su meditación aun sintiendo más claramente que tenía una gran fe y que nada podía ocurrirle.

Pocos instantes después el elefante salvaje apareció, cogiéndole con su trompa, zarandeándole bruscamente y finalmente lanzándole por los aires. El yogui, muy mal herido, quedo tumbado en el suelo entre lamentos, doliéndose de sus heridas. Después de ser curado se reunió con su maestro y con gesto desconforme le pregunto:  Maestro, si según tu enseñanza Todo es Dios, y el elefante también lo era, ¿porque entonces me atacó cuando yo meditaba en esta verdad?

Entonces su maestro le contestó; por supuesto todo es Dios, esta es la verdad suprema.  Pero al igual que el elefante salvaje era Dios, también lo eran los mensajeros que te mandó para que te fueras. Dios mismo te envío tres mensajeros uno tras otro, pidiéndote que te alejaras para ponerte a salvo. Pero decidiste no hacer caso de su advertencia, cegado por un conocimiento mental que aún no había asimilado tu corazón.

Este antiguo cuento hindú nos deja varias enseñanzas importantes. Incluso el conocimiento de la realidad última, el conocimiento Todo es Dios, puede mantenernos en una ilusión falsa si este conocimiento no es una parte de nuestro corazón y no ha surgido de la experiencia interna.

También nos enseña que cuando nos aferramos desde la mente a la irrealidad del mundo aparente, sin haber alcanzado aún la experiencia, cuando la mente separa Dios y lo manifiesto, maya y realidad, ignorancia y conocimiento, unidad y dualidad, como dos aspectos diferentes en su naturaleza última uno de otro, permanecemos aún en la misma ilusión de la que estamos tratando de escapar.

El Ser es en realidad lo uno y lo otro. Es solamente Ser, pero su juego de ser muchos al fin y al cabo es solo un juego y es representado por el mismo. Es por esta razón, él mismo. Son las dos caras de una misma moneda. El uno solo parece existir cuando desaparece el contrario. Aunque, Divina paradoja, solo existe el Ser realmente, que, aunque no tiene cuerpo ni forma ha decidido vestirse del ropaje que el mismo elije.  Es una paradoja que no puede comprender la mente humana, solamente la experiencia resuelve la duda para siempre. Intentar comprender lo ilimitado con un instrumento limitado siempre conducirá a imperfecciones.

El punto importante por todo lo expuesto sería como alcanzar entonces el despertar espiritual que nos lleva a la experiencia real del Ser.

Existe un aspecto primordial del Ser que es el encargado de este trabajo. Es el Atma Shakti, el poder del Ser, Kundalini. Si el Ser es la conciencia, Kundalini es su energía. Son de nuevo las dos caras de una misma moneda y no hay uno sin el otro. Si bien es el Ser la meta final de nuestro ascenso, solamente el despertar de su energía, Kundalini, puede llevarnos a dicha meta disolviendo en su ascenso toda ignorancia con la cual nos identificamos.  Es la chispa que cuando alcanza nuestro corazón, inflama en un solo instante el océano del Atman produciendo la experiencia de él mismo a través del instrumento humano.

Pero ¿estamos nosotros como buscador del Ser preparados y abiertos para recibir la cruz de la moneda como moneda misma o solo podemos aceptar la cara? ¿Solo podemos aferrarnos al ser y negamos toda ilusión como falso, o somos capaces de aceptar en lo manifiesto, en su poder, el mismo ser en otro aspecto? De nuevo nos encontramos en la misma paradoja, si intentamos comprenderla con la limitación de nuestra mente nunca permitiremos que esta se disuelva en el infinito.

Kundalini es otro nombre del Ser, como la fruta y su sabor, el sol y su calor o el perfume y su olor. Es solamente desde la energía que podemos llegar a la conciencia. Solo a través del despertar de kundalini podemos alcanzar el Ser. Shankaracharya lo expone claramente en el Saundarya Lahari donde describe con todo tipo de detalle los poderes de la Adi Shakti y como únicamente la Madre conduce al hijo hasta su Padre. Si Sadashiva representa el aspecto padre, Ser o Atman, Adi Shakti lo hace del aspecto Madre, energía o Kundalini.

Cuando recibimos el despertar de Kundalini alcanzamos la experiencia directa del Ser, una experiencia que ocurre en tan solo un instante y de un modo espontáneo y natural.  ¿Como es esta experiencia? La experiencia se produce a través del estado de conciencia sin pensamientos. Algo que parecía destinado solamente a yoguis avanzados se produce sin embargo desde el primer día  y puede ser gozado por cualquier persona sin ningún conocimiento ni practica previa. Es en ese estado de silencio mental donde uno va poco a poco identificándose con el Ser real. Entonces desde la propia experiencia las enseñanzas Advaitas cobran un nuevo sentido, un sentido que más que ser entendido de una forma mental, son vividas desde el corazón como un torrente de gozo interno.

Pero es conveniente aclarar que dicha iluminación interna se produce de un modo progresivo y cada persona necesitará de más o menos tiempo para profundizar en dicho estado dependiendo de su deseo, dedicación y estado de equilibrio antes de recibir el despertar de Kundalini. De hecho, la experiencia interna funciona como un catalizador para la transformación interna, pero solamente de forma momentánea, pudiendo volver a caer en nuestras tendencias latentes cuando no nos encontramos en meditación y silencio interior.  Solamente cuando se combinan la experiencia con el conocimiento se produce la transformación permanente, es el siguiente estado Nirvikalpa Samadhi, donde ya no solo no hay pensamientos sino tampoco dudas de nosotros mismos ni del todo. En Nirvikalpa no solamente experimentamos nuestra esencia, sino que la conciencia, el Ser, se une inseparablemente a ella haciéndonos plenamente conscientes de que somos dicha experiencia, somos dicha esencia. En este caso ya no hay vuelta atrás y se produce en nosotros un cambio permanente, muy diferente del obtenido en Nirvichara Samadhi.

Después de Nirvikalpa aún queda un gran salto para la meta soñada por todo buscador, la realización de Dios.

Pero quedémonos todavía con el primer paso, la experiencia del Ser a través de Nirvichara Samadhi. Es a través del mecanismo interno, y el sistema nervioso central, que la experiencia espiritual puede ser sentida y asimilada en el cuerpo humano que pertenece al mundo material. Somos en realidad el mecanismo perfecto donde la unidad y dualidad se funden, donde el mundo espiritual se une con el mundo manifiesto. Para profundizar más y más en el mundo espiritual, en la única realidad del Ser como conciencia indiferenciada, debemos antes comprender el mundo manifiesto que hay en nosotros, nuestras tendencias latentes que nos hacen reaccionar y comprender el mundo y a nosotros mismos de un modo u otro. No por negar la existencia del elefante salvaje, este abandonara su naturaleza y nos libraremos de su ira. Debemos afrontarnos a nosotros con una plena comprensión de lo que somos en este momento, aunque en el plano superior esto sea irreal como algo aislado del Ser único.

En el camino espiritual hay diferentes estados por los que debemos ir avanzando paso a paso. No podemos evitar todo el camino y saltar de un solo golpe a la meta. Debemos muy al contrario comprender cada obstáculo del camino, superarlo a conciencia y afirmarnos a cada paso en el nuevo estado que alcanzamos. Por esta razón si intentamos negar la realidad presente, de nuevo, aunque sea irreal en otro plano de conciencia, nos golpearemos continuamente y crearemos nuevas capas en esa cebolla que llamamos ego.

Hay un mecanismo y ese está dentro, ya lo describió Shri Krishna en el bhagavad gita como el árbol del conocimiento cuyas raíces están en el cerebro y cuyas ramas, hojas y flores van hacia abajo en el cuerpo.

Fundir las dos caras de la moneda, unidad y dualidad, es el único modo de experimentar la totalidad del Ser. Pero el proceso de fusión se produce desde el perfecto conocimiento de ambas caras. Solo después de experimentar en nuestro corazón el conocimiento interior de nuestra esencia espiritual como Ser sin forma y su energía el amor incondicional, podemos en nuestro libre albedrio elegir a través del discernimiento lo que en realidad somos y lo que no. El continuo discernimiento guiado desde el corazón por el mismo Ser y su poder, Kundalini, nos mantiene siempre más allá del alcance de Maya, en la unidad perfecta. Siempre sin luchar con lo irreal, con nuestros apegos, debilidades o ego, sino aceptando de buen grado su imposición sobre el Ser en un momento particular de nuestro ascenso. Una vez que aceptamos nuestros errores estos pueden ser transmutados. Cuando los negamos o luchamos contra ellos en realidad se produce una identificación con ellos, y esta identificación impide que puedan transformarse y evolucionar. De algún modo nos agarramos a ellos dándoles fuerza y energía.

Él es y no es al mismo tiempo,
maya su poder de autoengaño, comparte su naturaleza última,
todo emergió de El en un momento sagrado,
y volverá a Él en otro momento igualmente señalado.

Es evidente que si de El salió todo, Él es todo,
tanto lo uno como lo otro,
y solo merece respeto y reverencia suprema,
la elección de Ser o no Ser que tan solo está en su mano.


jueves, 13 de septiembre de 2018

Bhakti y el extasis del corazón

En Sahaja Yoga se combinan de un modo hermoso  los tres caminos principales del yoga, el bhakti yoga, el karma yoga y gynana yoga.

El Karma yoga representa la energía de la acción y por tanto del lado derecho. Desarrolla en nosotros cualidades de disciplina y rectitud que son sin duda importantes en el camino de ascenso espiritual. Pero debemos ser conscientes de los riesgos que puede acarrear  ya que sin darnos cuenta  podemos volvernos fanáticos y rígidos en nuestras ideas, desviándonos entonces del verdadero ascenso. Cuando usamos las diferentes técnicas de Sahaja Yoga, los mantras, los pujas o havans, realizamos karma yoga, que si no está combinado y equilibrado con el Bhakti Yoga y el Gynana yoga se convierte en meras acciones vacías sin contenido sutil y espiritual. 

El Gynana yoga es el camino del canal central y la esencia es el conocimiento. Solamente cuando a través de nuestra experiencia en la meditación y en nuestra vida realizamos nuestra esencia, se empiezan a manifestar los poderes intrínsecos a  dicha esencia. Pero para alcanzar dicho conocimiento es necesario  permanecer en estado de meditación profunda y mantener este estado durante un periodo continuado de tiempo. 

Pero en realidad hoy quería compartir mi experiencia con el Bhakti Yoga. Si alguien me preguntase cuál de estos tres caminos es más directo y satisfactorio sin duda diría que el Bhakti Yoga.

Bhakti es la esencia del espíritu que se manifiesta en el lado izquierdo como un amor superlativo hacia la esencia Divina. 

Es un arrebatador flujo de energía amorosa que disuelve en un instante toda negatividad, bloqueo e ignorancia. 

Solamente el flujo de las lágrimas de amor pueden expresar tal emoción que se expande hasta el infinito y nos funde con Dios en un instante.

Es sentir la presencia del Señor o de nuestra Madre con una intensidad abrumadora, sentir su caricia, su sonrisa, su mirada compasiva y protectora, su suprema grandeza y poder.

Y en ese amor del Señor hacia su siervo y del siervo hacia su Señor los dos se funden en un baile cósmico de  emociones indescriptibles donde cada célula del cuerpo parece embriagada de néctar. 

Y cuando en amor hacia su Señor el devoto recibe el conocimiento de su propia esencia, entonces, al saber que todo lo que le llena y da vida es solamente su Señor amado y que lo que había llamado yo  era en realidad una mentira ilusoria, el amor se multiplica hasta el infinito produciendo el fruto de la entrega incondicional por toda la eternidad.

El que prueba este plato de los cielos  nunca lo cambiaría por ningún otro. El devoto entregado a su Señor no pide por su iluminación en ningún modo, en cambio en perfecta unión con Él, le ofrece vivir innumerables vidas de sufrimiento para ayudar en su juego cósmico.

Más a pesar de todas estas palabras el Bhakti es indescriptible. El Señor y el devoto desaparecen quedando tan solo uno. Un amor sin palabras ni forma pero que envuelve y llena todo lo creado.


Este bhakti es la energía primordial de Nuestra Madre Adi Shakti hacia Su Señor Sada Shiva. Es ese mismo amor el que se ha sembrado en el corazón humano y el que permite al devoto fundirse con su Señor en un sagrado éxtasis del corazón .






martes, 9 de enero de 2018

Nirvikalpa y el Agnya Chakra

Aunque  bien conocidas por todos los sahaja yoguis las cualidades del perdón y la compasión del Agnya Chakra no siempre son entendidas correctamente. 

La base de todas la cualidades del Agnya Chakra es la compasión Divina pero; ¿qué es la compasión en realidad? Quizá pensemos que la compasión es el sentimiento amoroso y protector que surge del corazón cuando vemos a otra persona que está sufriendo o necesita algo y que nos hace ayudar a los demás mientras sentimos; esta pobre persona necesita esto o aquello y como yo no tengo esa carencia le quiero ayudar.... Este sentimiento que identificamos con la compasión nos hace dar una limosna al vagabundo, dejar dinero al amigo que lo necesita, donar cualquier bien a personas de un país tercermundista o cualquier otro gesto similar.

Pero debemos ser conscientes de que este sentimiento que llamamos  compasión está surgiendo desde una comprensión errónea de la realidad espiritual del mundo y por tanto no es la verdadera Compasión Divina. La razón principal es que esta compasión surge del sentimiento de separación donde vemos a la otra persona necesitada por un lado y  nosotros con la capacidad de ayudar por otro. En el estado de separación el sentimiento amoroso de compasión esta tintado por nuestro ego.

La verdadera compasión surge desde la comprensión profunda de que el otro es yo mismo. En este estado de unión la ayuda, si es necesaria, surge de un modo espontaneo sin asumir uno mismo que está ayudando en modo alguno. Si ayudamos monetariamente a otra persona en realidad nos ayudamos a nosotros mismos ya que no existe el otro sino que somos uno solo. De este modo el gesto material económico o de cualquier otro tipo va cargado de la compasión Divina volviéndose un gesto trascendental para todos los implicados. 

Este es el comienzo de la manifestación de las cualidades superiores del Agnya Chakra que descubrimos cuando entramos en el estado de Nirvikalpa.  

Cuando alcanzamos la comprensión de que nuestra esencia es Madre, la compasión Divina, comenzamos a derramarla en el colectivo y las cualidades del perdón surgen de un modo natural y espontáneo. Pero hay una cualidad superior al perdón aunque directamente ligada a él y es el sacrificio. Esta cualidad fue la que manifestó El Señor Jesucristo cuando se aproximó a la cruz, sabiendo lo que le esperaba, aceptando el sufrimiento de buen grado para conceder a cambio la salvación.

Si observamos la vida de todos los grandes santos podremos reconocer este gesto de sacrificio. Todos ellos fueron torturados, criticados, maltratados y muchos de ellos incluso asesinados. Mas ellos eran bien conscientes de que en su interior solo existía el amor divino y lo derramaban indiscriminadamente allí donde iban. Es sintomático que siempre se haya repetido en la historia de la humanidad el maltrato a los santos, especialmente en los comienzos de su andadura espiritual. Esto muestra que dichos acontecimientos en las vidas de los santos son parte del proceso de expansión espiritual donde la compasión se amplía hasta llegar a los mayores sacrificios imaginables por amor al espíritu en todos. Aquí el perdón ya está asumido previamente y el santo se aproxima hacia su penitencia y la recibe de buen grado para poder conceder el amor de Dios a cambio.

En Sahaja Yoga también pasamos en muchos casos por un proceso similar y debemos aprender el arte de saber recibir la crítica o el odio y  mantener siempre el flujo amoroso en nuestro corazón.

Cuando profundizamos en el amor de Dios comprendemos que Él es nuestra misma esencia. Sabemos que allí donde vayamos somos un instrumento para que ese amor de Dios que es su mismo cuerpo bendiga a todos los que nos rodean, sabemos que somos el catalizador para que otros alcancen el estado de Nirvikalpa,  adoramos a todos los que nos rodean porque sabemos que son en realidad Madre. Entonces deberíamos   ir como nuestra misión principal en la vida, a todas las reuniones colectivas para recibir la crítica y el odio y derramar ese amor sublime a cambio.

Este es el mismo gesto de sacrificio que nos enseñó Jesús y debemos comprenderlo y desarrollarlo a través de nuestra propia experiencia.

Este hecho me hace reflexionar que aquellos yoguis que se vuelven focos de la crítica en muchos casos colectivamente podrían quizá ser en realidad aquellos que están profundizando más. También me hace reflexionar que ese juego donde somos criticados y atacados que podría parecer malvado, en realidad podría ser el regalo divino para ayudarnos a desarrollar cualidades que  están muy próximas a la esencia más sutil y profunda del Divino.


Este proceso de sacrificio expresa el nivel supremo de entrega. En esta entrega el alma está dispuesta a sacrificarse eternamente en el altar del amor Divino. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Nirvikalpa y el Vishuddhi Chakra

Una vez que la realización de que  nuestro corazón es Madre  se establece en nuestra conciencia, todos los poderes de amor  y compasión del Divino empiezan a fluir a través nuestro con gran intensidad y de un modo continuado. Entonces nuestro verdadero trabajo como instrumentos del Divino  para la iluminación de la humanidad empieza a manifestarse en nuestras vidas.

Es natural que en este punto nos olvidemos completamente de nuestro propio bienestar y benevolencia y  nos centremos completamente en la benevolencia de  los demás. Cuando hemos alcanzado todo, ¿qué más podemos necesitar? Por supuesto aún nos queda mucho camino por recorrer en nuestra evolución, pero una vez que alcanzamos la esencia del corazón, el alma descubre una completa satisfacción y una completa entrega a la voluntad Divina.

Nos hacemos conscientes de que solamente somos un recipiente vacío para el amor de nuestra Madre. Ella es nuestra verdadera esencia y por esta razón comprendemos que todo lo que nos ocurre únicamente pueden ser bendiciones.  Todo fluirá a nosotros en el momento adecuado ya que todo los que nos ocurre a nosotros en realidad le ocurre al Divino mismo.  Entonces empezamos a hablar en tercera persona de un modo natural y espontáneo. ¿Por qué Madre quiere hacer esto a través de este cuerpo?  ¿Por qué  quiere decir estas palabras que podrían parecer duras a través de esta boca? ¿Por qué quiere  experimentar estas dificultades a través de este cuerpo? ¿Por qué quiere crear esta maya o ilusión a través de esta mente?

En este punto la insatisfacción del buscador que intenta alcanzar su iluminación y aún se siente incompleto es completamente fulminada por el amor de Madre. Sabemos que aún nos queda un largo camino por recorrer, muchas experiencias que sentir, muchos dramas que interpretar, pero la completa satisfacción permanece siempre vibrando profundamente en nuestro corazón y sabemos cuál es nuestra esencia, su perfección, su pureza, su belleza.

Entonces comienza el verdadero juego del instrumento Divino que vibra continuamente con un deseo ardiente porque todos sus hermanos y hermanas alcancen este estado de eterna satisfacción y paz. Siempre en profunda oración por los demás, todo el tiempo con lágrimas de amor en sus ojos  derramando compasión Divina hacia todos.   Su atención se vierte en diferentes personas y se va expandiendo más y más hasta cubrir todo el universo.

Cuando el instrumento profundiza aún más en esta expansión se aproxima poco a poco a la realización de que en realidad sus hermanos y hermanas en sí mismos, son solamente el amor de Madre.  Entonces el flujo de amor se vuelve aún más intenso y sublime y adoramos con sentimientos arrobadores y estremecedores a nuestro Padre y nuestra Madre en cada hermano y hermana. Es ananya bhakti. Nuestro cuerpo es Madre, nuestra mente es Madre, nuestra alma con los chakras y nadis es Madre, nuestro espíritu es Madre, el Amor Divino es Madre, todo en nuestros hermanos y hermanas es Madre, solamente existe Madre abrazándose a sí misma en una indescriptible devoción que solamente puede ser experimentada por el espíritu. Solamente existe uno en esta relación y es el Divino.

A través de este bhakti la expansión de la Divinidad toma lugar en la colectividad. A través de este bhakti el estado del Gurú y de Nirvikalpa fluye de un hermano a otro. De este modo la iluminación de la humanidad toma lugar. ¿Podemos imaginar una colectividad donde existan 100 yoguis expandiendo la Divinidad de este modo al mundo?

No existe ningún ego en este proceso. El instrumento sabe que el Divino se  está manifestando a través suyo pero también sabe que él no es nada en sí mismo. No solamente sabe que él no es nada sino que reza fervientemente para volverse menos que nada y que de este modo el amor Divino fluya aún más a través suyo a todo el mundo.

Existe un verdadero poder fluyendo a través de estos instrumentos puros del Divino. Este poder es el catalizador para despertar el estado de Nirvikalpa en los demás. Es el catalizador para expandir el Sushumna nadi en los demás y remover de una vez por todas todos los sufrimientos y preocupaciones de la mente. Es el catalizador para establecer a los demás en el eterno y permanente estado de gozo, amor y paz.

En esta situación el instrumento está listo y entonces es el momento de derramar esa esencia en la colectividad lo más posible. Este instrumento atenderá todas las reuniones colectivas como su primera prioridad. No se preocupará de si recibe cualquier vibración negativa o cualquier bloqueo. Estará siempre listo para sacrificar su vida durante toda la eternidad por la expansión de la Divinidad en el mundo. Aceptará cualquier penalidad durante este proceso como si fuese un regalo. Recibirá como si fuese néctar cualquier dolor que tenga que absorber. Su vida es esta expansión Divina donde gozará del sublime ananya bhakti fluyendo como compasión Divina hacia sus hermanos y hermanas.

JAY SHRI MATAJI

domingo, 10 de septiembre de 2017

La guerra interna

Ayer en la meditación colectiva en Londres vimos un video que me impacto profundamente. Es el Navaratri Puja del 2001. 

En la charla Madre describe el peligro de las escuelas de odio (madrasas) que hoy día se extienden por todo el mundo contaminando el corazón de muchas personas y fomentando el terrorismo.

Madre se muestra extremadamente preocupada con este problema e incluso llega a mencionar que si esta energía destructiva sigue creciendo podría ser el final de la humanidad.

Después de describir el funcionamiento de estos grupos destructivos y malignos Madre nos describe como nosotros como sahaja yoguis podemos ayudarla a ella y al mundo a combatir esta negatividad. 

Solo el amor puede luchar contra el odio.

En esta charla Madre nos pide con gran preocupación que seamos completamente sinceros y observemos a cuantas personas aún odiamos, a cuantas personas juzgamos, a cuantas rechazamos y a cuantas en cambio amamos y aceptamos. Nos pide que elijamos desterrar el odio contra cualquier persona incluso en el caso de que esta persona nos haya hecho daño. 

Esta guerra entre el amor y el odio se está librando en el interior de cada uno de nosotros. 

En mi propia experiencia he observado que esta guerra interna es un juego muy sutil ya que nuestro ego es experto en justificar la semilla del odio basándose en hechos que juzga negativos en los demás. Pero lo cierto es que no hay justificación al odio, especialmente para los sahaja yoguis que son los responsables primeros de eliminar la semilla del mal en su interior para después alimentar al mundo con el fruto del amor puro.

Es muy evidente y lógico que si aún mantenemos la semilla del odio  en nuestro interior el amor de Madre no podrá manifestarse plenamente.


Si hay tan solo una persona en el mundo a la que rechazamos, juzgamos y por ende odiamos, no podremos alcanzar el corazón de Dios donde todos son el mismo y su amor incondicional.

Cuando nuestro corazón se resiste a abandonar el odio basandose en memorias tristes o dolorosas con otras personas, el conocimiento de la verdad podría ser el catalizador para transformar la oscuridad en luz en nuestro interior. El conocimiento de la verdad es que somos lo que somos y siempre lo seremos. Somos una partícula diminuta y a la vez todo lo que existe. Somos la conciencia que sin ocupar ningún espacio a la vez llena todo el espacio existente. Somos existencia pura, sin forma, sin nombre, sin atributos, sin nacimiento ni muerte. Somos el vacio y a la vez la energía del amor que todo lo ha creado. Somos el mismo ser en todos los seres. 

Así pues si todos son una célula del amor Divino, ¿cómo no amar su esencia que es tan bella y adorable? 

Lo que rechazamos o juzgamos en los demás no es mas que una cascara transitoria y sin vida propia, un recipiente vacío que aparece y desaparece cuando la esencia así lo decide. ¿Porqué entonces resistirse a la trasmutacion del odio en amor en nosotros y de este modo impedir que la luz ilumine nuestro corazón completamente?